Nosotras nacimos (las mujeres entre los 20 y 30 años) en un momento histórico donde ni los roles tradicionales ni los roles en contra de lo establecido aplican del todo. No somos mujeres de los 40 ni los 50 que fueron criadas para tener hijos, mantener un hogar y satisfacer a un marido. Tampoco vivimos durante los 60 y los 70 cuando las mujeres quemaron sus sostenes y se despojaron de los roles femeninos tradicionales. Las mujeres atacaron el ámbito laboral con fuerza en los años 80. Afirmaron su lugar como una fuerza poderosa, exigiendo igualdad en el terreno laboral y han estado dominando el medio desde ese momento.
Ahora en el año 2011 no estamos ni aquí ni allá. Es como si hubiésemos sumado estos dos movimientos resultando en un punto gris que no ha sido definido. Un punto donde mucho se pierde entre las generaciones y los géneros. No hay un rol definido que cumplir. En los años
50 el deber de una mujer era ser una excelente ama de casa, una madre nutritiva, una esposa atenta que tiene la cena lista a la hora de la llegada de su marido y que mantiene los niños callados, etc. Mi mamá me mando un correo electrónico con las 11 reglas para mantener a tu marido feliz (imagen arriba) que produjo en mi una mezcla de risa y asombro. Aunque en este momento no me identifico con los mensajes que leí y hasta me ofendieron, me demostró que el lugar de una mujer en esa época estaba claro y muy bien definido. Ese lugar era el hogar.
Tengo que citar a la película Mona Lisa Smile (traduzco)
“Que observarán los académicos cuando nos estudien, el retrato de la mujer de hoy? Ahí están, señoritas: la semejanza perfecta de una graduada de Wellesley, Magna Cum Laude, haciendo exactamente lo que la entrenaron a hacer. Lámina – una académica de Rhodes, me pregunto: ¿si ella recita Chaucer cuando plancha las camisas de su marido?. Lámina – ahora las de carreras de física pueden calcular masa y el volumen de cada albondingon que preparas. Lámina – una faja para liberarte. ¿Que significa eso? ¿Que significa eso?”

Al otro extremo, el movimiento feminista fue definido por su postura de oposición y su actitud no-conformista. Fue una rebelión, cuyo mensaje era - “No, yo no cambiaré mi vida para tratar de conseguir, complacer y atrapar a un hombre.” Pero la reacción violenta hacia los movimientos de feministas radicales que alienaron a varios moderados y tradicionalistas nos han llevado a donde estamos hoy… al Limbo. Ojala esta falta de definición nos motive a buscar un balance entre estos dos mundos. Un balance, que yo siento, nos ha costado encontrar. O sea no quiero quemar mis sostenes pero tampoco me quiero poner una faja.
En la búsqueda por igualdad creo que hemos aumentado nuestras responsabilidades. El mundo tiene tantas expectativas de nosotras y de como realizaremos nuestros roles como mujeres. Yo fui criada para ser una mujer ambiciosa y trabajadora, una profesional que no es definida por su pareja si no por lo que esta en su cabeza y corazón. También me criaron para ser una (futura) esposa y madre nutritiva. Miro a mi alrededor y me pregunto… ¿como es que voy a hacer todas estas cosas y hacerlas bien? En algún momento algo tiene que ceder ¿no? ¿Acaso estamos siendo egoístas al tratar de tenerlo todo?
Tantas expectativas nacen con nosotras en el momento que entramos a este mundo. Las otras mujeres en nuestras vidas nos ven como la futura esperanza que define el movimiento feminista de hoy. Pero ¿qué pasa si escogemos un rol mas tradicional? ¿Si decidimos ser amas de casa estaremos retrazando al moviendo unas cuantas décadas? ¿Mujeres como Simone de Beauvoir se revolcarían en su tumba?
Tengo 27 años es este momento. No estoy casada y no tengo hijos. En cambio tengo diplomas colgados en mis paredes. Si esto hubiese sucedido hace 60 años yo sería una anomalía… un fracaso total. Las personas a mi alrededor dudarían de mi sexualidad, de mi fertilidad, pensarían que soy insoportable o poco atractiva. Hasta en términos de ciencias soy un fracaso biológico al no haberme reproducido. Para mujeres como Simone y hasta mujeres de hoy el que no me haya casado y no haya tenido hijos que “me aten” es motivo de celebración.
Pero no puedo evitar pensar que capaz hemos asumido demasiadas cosas a la vez, demasiadas expectativas de nuestras parejas, hijos, familias, de la sociedad que han sido depositado en nosotras esperando que sigamos avanzando el movimiento pero sin olvidarnos de nuestros hombres. Cuando yo estaba en la universidad mi amiga Alejandra y yo solíamos decir… “OK…renuncio!! No más! Esto es demasiado difícil… por que no puedo ser nada más que un útero… tener hijos y dejar que mi cerebro descanse!” Pero nuestras carreras eran nuestra pasión, así que descansamos un rato y volvimos con fuerza a los estudios.
Los dejo con este ejemplo:
Cuando tenía 16 años mis abuelos me preguntaban cuando me iba a casar, cada vez que me veían. Durante los últimos 11 años mi abuelo ha contado mis novios, y aunque siempre me ha apoyado en mis decisiones de no escoger a la pareja equivocada, se ha preguntado cuando verá a su nieta mayor casarse. Mi abuela, Ama, hasta el sol de hoy, a sus 90 años de edad me pregunta si tengo novio con un tono de esperanza en su voz. Lo mas interesante es que cuando le digo que no hay novio en este momento o que una relación en particular se terminó, ella siempre responde con el mismo tono fuerte y asertivo, “Que bien por ti. Tienes toda la vida por delante para cuidar a un hombre. Ahorita disfruta tu vida y enfócate en tu carrera. Eventualmente llegará tu media naranja.”
Por lo visto esta ambivalencia de familia vs. carrera no es algo que uno descifra con edad. En algún momento encontraremos algún tipo de balance entre la casa y el trabajo, familia y la carrera, ellos y nosotras.